Las responsabilidades del “running” (segunda parte)

Las responsabilidades del “running” (segunda parte)

Mi plan era otro. Quería reflexionar un poco más, esperar un par de días para publicar la segunda parte, pero las noticias no dejan de asombrarme, y la estela que ha dejado la Behobia brilla con fuerza y sigue alimentando el morbo. Así que voy a seguir analizando a los protagonistas de mi particular película.

CORREDORES. A ver, por donde empiezo porque tengo muchas cosas en la cabeza… Algun@s no habéis entendido nada de nada. La idea era otra, pero creo que se ha perdido la esencia, la magia, el respeto por las distancias, los tiempos (y no me refiero a las marcas). Querer es poder, cierto. Yo misma soy un ejemplo de marcarse un reto y luchar por conseguirlo, y conozco a mucha gente que lo hace. Pero como decimos en Galicia, con “sentidiño y cabeciña”.

¿Todo el mundo puede correr? Hasta donde yo sé, aparentemente sí (salvo que tengas alguna dolencia o complicación que te lo impida). Llevar una vida saludable, evitar el sedentarismo, disfrutar… Ése es el objetivo. Como muy bien explica Elena Sánchez, autora del libro “Confesiones de una runner”, correr nos enseña a ser constantes, a ser disciplinados, a superar la pereza.  Unas bondades que no son exclusivas del running. De cosecha y experiencia propia te diré que la práctica deportiva en general te hace superarte, sentirte mejor. Puedes correr, caminar rápido, nadar, salir a dar un paseo en bici, subirte a una elíptica, jugar a la petanca… ¡Moverte y ser activ@! Hasta ahí.

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Ahora otra pregunta. ¿Todo el mundo puede correr como un deportista de elite? Pues me vas a perdonar, pero no. Y en este sentido se nos está yendo de las manos. Ahora todo el mundo corre. Está de moda, si no eres “runner”, no molas. Bueno, y ya eres lo más de lo más si te presentas en la línea de salida de un maratón unos meses después de haberte calzado por primera vez unas zapatillas. Y después de los 42 kilómetros, a la semana siguiente te haces una media maratón, y una carrera, y otra y otra más. Y luego… Pues te metes al triatlón, o haces un ultra maratón, o te pones a entrenar para un Ironman (cuanto más exagerado, mejor).

Entrenamiento con profesionales, mucho descanso, supervisión médica (cada muy poco tiempo), cuidado de la alimentación y la hidratación… Y mil cosas más es lo que hacen los deportistas de élite de cualquier disciplina. Los populares somos eso, populares, NADA MÁS. Nunca vamos a ganar una medalla, y sin embargo cada vez veo a más inconscientes en la línea de salida de las carreras. Estas frases son verídicas: “Vengo sin dormir que ayer tuve una cena”; “llevo dos semanas sin entrenar, a ver que sale”; “me he tomado varios cafés para ir a tope” “no, yo en las carreras no bebo, que me da flato”. Tú no eres corredor, tú eres imbécil. Porque estás poniendo en riesgo tu salud y estás dando un ejemplo nefasto a las personas que te rodean y para las que, en un momento determinado, has sido o eres un referente. Y prefiero no hablar del entrenamiento.

  • Cuando te duele una muela, ¿quién te atiende?
  • El dentista (médico especializado)
  • Si quieres revisar tu vehículo ¿dónde vas?
  • Al taller de coches (que cuenta con un mecánico especializado)
  • Si quieres empezar a correr ¿qué haces?
  • Ah! eso nada. Le voy a preguntar a mi vecino, que también corre, y se ha bajado de internet un plan de entrenamiento. Y va a muchas carreras, y hace buenas marcas

Este es el nivel. Y es alucinante. Porque lo que estás utilizando para correr es tu propio cuerpo, tu corazón, tu motor. ¿No te importa? ¿No sería más lógico asesorarte con un profesional en esta materia? Vaya por delante que nadie está exento de tener un percance haciendo deporte. Hemos visto en muchos momentos a deportistas controlados por médicos, caerse desplomados tras un gran esfuerzo. E incluso descubrirse cardiopatías hasta el momento ocultas en una revisión médica. Y hablamos de corazones entrenados, acostumbrados al esfuerzo. Qué decir entonces de los corredores o deportistas populares que viven con demasiada pasión e irresponsabilidad el simple hecho de correr.

Volviendo a mi admirada Elena Sánchez, te invito a que leas su interesante y acertada reflexión “Correr no es un juego”, publicada al hilo de lo ocurrido en San Sebastián en El Confidencial.

Como curiosa que soy, observo desde la última fila algunos progresos atléticos que no dejan de sorprenderme. Es un tema sobre el que ya he reflexionado alguna vez en el blog, pero que hoy ocupa una página entera de La Voz de Galicia, con el titular “El dopaje aficionado se dispara”. De verdad, nos hemos vuelto locos.

Y una noticia de última hora, destapada por la web Corriendovoy: grupos de gente que se dedica a falsificar dorsales, esto es, se inscribe un corredor pero participan varios en la prueba, y luego tienen el cuajo de subirlo a las redes sociales. Me vais a permitir que ni comente. Allá cada cual con su conciencia.

ORGANIZADORES. No se puede incluir a todos en el mismo saco, ni muchísimo menos, pero lo que veo me da la razón. Aprovechar el tirón del running. Así, sin más. Y como en todo, hacer negocio y sacar tajada. Pero ¿a qué precio? Porque de un tiempo a esta parte no hay fiesta popular, ni pueblo o ciudad que se precie que no tenga una carrera. Y te recuerdo, organizador, que tus clientes potenciales son personas que van a hacer un gran esfuerzo físico y necesitan el mejor de los cuidados. El caso que me ha llevado a los dos últimos post, la Behobia de San Sebastian, no es desde luego el mejor ejemplo de mala organización, sino todo lo contrario. Está claro que en el País Vasco nadie espera 27 grados un 8 de noviembre. Pero si con un temporal se suspende una prueba, viendo que vas a tener mucha temperatura ¿no podrías adelantar su hora de salida, por ejemplo? (es una opinión, una opción que se me acaba de ocurrir mientras escribo).

Circuitos mal medidos o mal señalizados, recorridos que parecen más un trail que una prueba en asfalto, hidratación “justita”, pasos de chip mal colocados y falta de control de los participantes (es decir, corredores que se cuelan y atajan), salidas a las 11 de la mañana bajo un sol de justicia para que la prueba tenga más público. ¿Hola? ¿Y por esto me vas a cobrar un mínimo de 10-15 euros? Un poco de seriedad y profesionalidad. Si no sabes organizar una prueba deportiva, no te metas al lío y dedícate a otra cosa.

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Seguramente esto no servirá de nada. Reflexionaremos unos días, y luego “si te he visto, no me acuerdo” hasta el próximo incidente. Y medios de comunicación, corredores y organizadores seguirán (seguiremos) pecando hasta que algo tan bonito como disfrutar corriendo (bendito sufrimiento, que decimos algunos) nos explote definitivamente en toda la cara. La cordura, el equilibrio y la responsabilidad, en definitiva, es cosa de todos los que practicamos el amado-odiado fenómeno del running. De nuevo, cada cual con su conciencia

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