38 vs 18

Ayer cumplí 38 años. Fue un gran día, y además de celebrarlo como se merece, tenía como desayuno 18 kilómetros por asfalto, el último largo de camino a la Vigbay (la media maratón Vigo- Baiona). En el kilómetro 12 más o menos empecé a notar una molestia que venía avisándome desde la semana pasada. Así que en el 13 tuve que parar. Al llegar a casa me dolía la moral!!!! Porque iba bien, muy bien, pero correr con dolor es absurdo, así que habrá que ver cómo evoluciona esto.

Es curioso echar la vista atrás. Porque si el día que cumplí 18 años me dicen que a iba a celebrar mis 38 primaveras corriendo la misma cantidad de kilómetros, me hubiera dado ataque de risa importante. Y lo más curioso de todo, es que a los 18 estaba físicamente mucho mejor que ahora. La cabeza, sin embargo, es otra cosa (esa mejora con los años, como el buen vino). Pero el tiempo me ha demostrado que se puede, por difícil que parezca.

Ahora viene la pregunta del millón ¿en qué momento, con treinta y tantos, decides ponerte a correr? Porque si te viene de la juventud, vale, pero tan tarde… Con 18 años tenía energía de sobra, todo el tiempo del mundo para mí, algunas responsabilidades, (las justas) y vivía con mis padres. Veinte años después, que se dice pronto, la cosa no tiene nada que ver. Soy madre, esposa, trabajo ocho horas (y con extras), tengo todas las responsabilidades del mundo, muy pocas horas de sueño y de la energía… es mejor no hablar.

Así que reitero la pregunta: ¿en qué momento? Bueno, siendo sincera, he de reconocer que el final no podía ser otro. Comparto mi vida con un maratoniano de corazón y convicción. Vale… Tendría que haberlo dicho antes, pero también podría haber optado por el refranero popular: “en casa del herrero, cuchillo de palo”. A mi favor tendré que alegar que compartir almohada con alguien que lo ha vivido casi todo en el atletismo, es una gran responsabilidad. Así que no todo es tan fácil.

Me sobran los motivos, que dice la canción, por los que salir a correr. O por los que tratar de llevar una vida sana, si quieres verlo así, arañándole horas al reloj (porque a mí las 24 horas del día se me quedan cortas). Y cada día puedo pensar en uno diferente: mantenerse en forma, sentirse bien, bajar de peso, canalizar el estrés, ponerse un reto, educar la cabeza, conocer gente nueva… Elige el que quieras, te lo presto. Pero te advierto que una vez le ganes la batalla al “no puedo” inicial, te habrás enganchado.

Con 18 hubiera sido más fácil, desde luego, pero no tendría tanta gracia. Con 38 el reto es mayor, y la recompensa, ni te cuento. O pensándolo mejor, te lo cuento otro día. Te va bien el jueves? Perfecto, pues hasta entonces!

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